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En noviembre del año mil novecientos catorce, se le concedió una patente para el sujetador sin espalda y, ayudada por un grupo de amigas, Mary Jacobs confeccionó manualmente varios centenares de sujetadores. Pero sin el apropiado marketing, este negocio no tardó en venirse abajo. Casualmente, Mary Jacobs fue presentada poco después a una diseñadora de la Warner Brothers Corset Company de Bridgeport, Connecticut, a la que explicó su invención y cuando esta empresa le ofreció 1.500 dólares por los derechos de patente, Mary aceptó.
Aparecieron, seguidamente innovaciones del modelo de Mary Jacobs. En los años veinte intervino la tela elástica, y en los treinta aparecieron el sujetador sin tirantes y las copas de tamaño estándar. Ida Rosenthal, una emigrante judía rusa que, con la ayuda de su marido, fundó la Maidenform, introdujo las diferentes tallas de sujetadores.
Durante los años veinte, la llamada flapper era, la moda exigía en las mujeres un pecho plano y un aspecto más bien de muchacho. Ida Rosenthal, modista de oficio, alteró la tendencia al promover unos sujetadores que realzaban el busto. Combinando, su propia experiencia como modista y los patrones de papel, agrupó a las mujeres americanas en categorías según el tamaño del busto, y produjo una línea de sujetadores tendente a realzar la figura femenina, de las diferentes edades, desde la pubertad hasta la madurez. Su seguridad en el retorno del busto pronunciado como elemento de la moda creó la industria Maidenform, evaluada en cuarenta millones de dólares.
En los años sesenta, cuando las muchachas quemaban sujetadores como símbolo de liberación femenina, preguntaron a Ida Rosenthal si este movimiento señalaba la desaparición del negocio de los sujetadores, y ella contestó, “Somos una democracia. Toda persona, tiene derecho a vestirse o desvestirse.” Y añadió: “Sin embargo, cumplidos los treinta y cinco años la mujer no tiene una figura que pueda prescindir del sujetador. El tiempo está a mi favor.”
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